martes, 15 de enero de 2019

Santa Misa Tredentina.

La Misa Tridentina



La Misa Tridentina consiste en la celebración de la Santa Misa según el rito promulgado por el Papa San Pío V en el año 1570 por medio de la Bula Quo Primum Tempore.

La Misa de San Pío V tiene sus orígenes en las más remotas tradiciones apostólicas y alimentó el alma de los santos más encumbrados de la historia de la Iglesia.

Este rito proviene visiblemente del corazón de nuestra Santa Madre la Iglesia y es el fruto de una larga tradición. Expresa santamente la doctrina católica del Santo Sacrificio de la Misa y fue canonizado por San Pio V definitivamente. Él lo estableció como la manera oficial de decir la Santa Misa, válida para todos los sacerdotes de rito romano en todo tiempo.

Elementos de la Misa Tridentina

La Misa Católica Tradicional es compuesta por dos partes, a saber, su parte esencial, que son los elementos instituidos por Nuestro Señor Jesucristo, y las oraciones, palabras y ceremonias que los acompañan.

Los elementos esenciales de la Santa Misa, instituidos por Jesucristo en la Última Cena, son:

  • La materia: pan y vino;
  • La forma, o sea, las palabras de la consagración: “Este es mi Cuerpo” y “Este es el cáliz de mi Sangre…”;
  • Un sacerdote válidamente ordenado que,
  • tenga la intención de hacer lo que la Iglesia hace en la confección de este sacramento.

Las palabras y ceremonias que acompañan esos elementos esenciales se desarrollaron a lo largo de los siglos hasta alcanzar la forma que llegó a nuestros días.

Todas las oraciones y ceremonias en torno a las palabras de la consagración han sido introducidas por la Santa Iglesia para realzar la majestad de tan gran misterio, para instruirnos, aumentar nuestra fe e inflamar nuestra devoción. “No hay en toda la Cristiandad un rito tan venerable como el del Misal Romano” dice uno de los más sabios liturgistas (Fortescue).
 

Daría hasta la última gota de mi sangre por la mínima práctica de la Iglesia." Santa Teresa de Jesús

 

Historia de las Ceremonias de la Santa Misa

Durante los siglos I y II, las palabras de Cristo estuvieron rodeadas por una liturgia inicial que, poco a poco, fue germinando en las partes oriental y occidental del Imperio Romano. Todas las divisiones principales de la Misa aparecieron ya en el siglo III y, en el siglo IV, el rito romano quedó plenamente conformado, durante el pontificado del Papa San Dámaso (366-384).

Pero hasta San Gregorio Magno (590-604) no existía un libro único con todos los textos de las misas del año. Este santo papa mandó redactar el liber Sacramentorum en el principio de su pontificado, para uso en las stationes romanas, o sea, para la liturgia pontificia de la ciudad de Roma. Ese misal contiene prácticamente la Misa Tradicional tal como llegó a nuestros días, ya que las modificaciones hechas por San Pío V (1566-1572) fueron muy pequeñas.

Por lo tanto, podemos asegurar que la misa que actualmente es llamada de San Pío V y que llegó a nuestros días después de haber nutrido la piedad de todos los santos de la Iglesia no es sino el rito romano tal cual lo encontramos, en sus partes más importantes, en el pontificado de San Dámaso (siglo IV), y que fue posteriormente copilado en forma de misal por San Gregorio Magno.

Canon de la Misa

El Canon de la misa, aparte de algunos retoques efectuados por San Gregorio Magno, alcanzó con San Gelasio I (492-496) la forma que conserva hasta hoy. Los Romanos Pontífices no dejaron de insistir desde el siglo V sobre la importancia de adoptar el Canon Missae Romanae, dado que remonta a nadie menos que al mismo Apóstol San Pedro.

En efecto, a causa de la ley del arcano (ley por la cual, en la época de las persecuciones, se mantenía sigilo especial sobre las principales verdades de fe), los textos más antiguos del Canon de la misa datan del siglo IV, con todo, el Concilio de Trento nos enseña que remonta a los apóstoles.

Codificación hecha por San Pío V

San Pío V codificó la misa romana antigua en su forma más pura según la indicación del Concilio de Trento (1545-1563):
 

El sacrificio cúmplase según el mismo rito para todos y por todos, de forma que la Iglesia de Dios no tenga más que una misma lengua… que los misales sean restaurados según el uso y las costumbres antiguas de la misa romana".

 

El Misal así restaurado fue promulgado de forma particularmente solemne en el día 19 de julio de 1570 por la Bula Quo Primum Tempore. La bula precisa bastante claramente que no establece un nuevo rito, sino “un misal revisado y corregido”.

¿Por qué el Latín?

El uso del latín “es una señal hermosa y manifiesta de la unidad, así como un antídoto efectivo contra cualquier corrupción en la verdad doctrinal” (Papa Pío XII, Encíclica Mediator Dei).

El objetivo de San Pío V al mandar codificar la Misa (en el siglo XVI) no fue sino el de la unidad de la Iglesia, asegurada por la unidad en el culto católico. Para evitar la disparidad de rito, mucho contribuyó la uniformidad en el idioma, preservando la Iglesia no solo contra el cisma sino también contra la posible introducción de errores doctrinales.

Señal de unidad y universalidad

La Misa en latín no es una manera selectiva o novedosa de oficiarla, ni tampoco elitista o exclusivista, todo lo contrario, es el modo católico (universal, en griego) de oficiarla, acomodada para que sea escuchada por toda persona bautizada del mundo sin importar la nacionalidad que tenga.

Durante siglos, un católico podía asistir a la Misa en cualquier parte del mundo y siempre hallaba la misma forma católica de seguirla y cumplir con el precepto dominical. Si pudiésemos viajar a través del tiempo, encontraríamos la misma verdad: una Misa ofrecida por un sacerdote católico que viviera en Roma en el año 570 sería igual a una ofrecida por un sacerdote que viviera en Nagasaki en 1940, o la de un sacerdote de la FSSPX en el año 2015.

Este hecho refleja claramente dos de las cuatro notas de la Iglesia Católica; su unidad y su catolicidad (universalidad) en relación al tiempo y al espacio.

Antídoto contra el error

La historia nos demuestra que los vocablos de los idiomas cambian de significado con el tiempo y que se introducen también modismos por el habla popular. Pero el latín, siendo una lengua muerta, no se modifica a través de los tiempos y los lugares, de modo que su uso contribuye en la perpetuidad y universalidad de los ritos católicos, a pesar de su difusión entre tan gran diversidad de idiomas, naciones, costumbres y tiempos.

Esa característica también ayuda a proteger la fe contra el error. En efecto, el Papa Pío XII declaró expresamente que la Sagrada Liturgia está íntimamente vinculada a las verdades de la Fe Católica y por lo tanto debe conformarse a ella y reflejar esas verdades. De tal forma que, así como no podemos comprometer una sola verdad de fe, so pretexto de acomodar la liturgia a las exigencias de los pueblos y de los tiempos modernos, es necesario igualmente conservar inalterable la liturgia para que continúe a salvaguardar esa integridad de la fe (Pío XII, Encíclica Mediator Dei).

Hasta los protestantes reconocieron la conexión entre las enseñanzas de la Iglesia y la Misa, a tal punto que Lutero creyó que eliminando la Misa, podría derrocar el Papado.

Los primeros idiomas usados en la Misa

La Misa se decía originalmente en arameo, puesto que esta era la lengua que hablaban Cristo y los Apóstoles. Las expresiones: “Amen, Alleluia, Hosanna y Sabbaoth” son palabras arameas que aún permanecen en la Santa Misa.

Cuando la Iglesia se extendió por todo el mundo pagano en el siglo I, adoptó el griego en su liturgia, porque este era el idioma internacional en el Imperio Romano, a semejanza del inglés actualmente. El uso del griego continuó hasta el siglo II y parte del siglo III. El Kyrie eléison y el símbolo litúrgico “IHS” (derivado de la palabra Jesús en griego) son una prueba del uso de este idioma en la liturgia.

Con todo, hacia el año 250, la Misa se decía generalmente en latín en la parte occidental del Imperio Romano, incluyendo las ciudades del Norte de África. Con la fragmentación del Imperio y las invasiones bárbaras, el latín dejó de ser lengua hablada hacia los siglos VII y IX; sin embargo, la Misa siguió siendo rezada en latín porque gran parte de su liturgia había sido creada en esa lengua. Los Santos Padres de la Iglesia, por entonces, no vieron razón alguna para adoptar las nuevas lenguas vernáculas que estaban en desarrollo al rededor del mundo conocido.

Este fue un medio providencial; porque el latín, aunque lengua muerta, sirvió como medio de comunicación internacional y señal de unidad en la Iglesia a través de los siglos.

Novena De La Santa Navidad

NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD.





Comienzo. A la edad de diecisiete años me preparé para la fiesta de la Santa Navidad (Navidad de 1882) practicando diferentes actos de virtud y mortificación, honrando especialmente los nueve meses que Jesús estuvo en el Seno Materno con nueve horas de meditación al día, referentes siempre al misterio de la Encarnación.

Primera Hora
Decreto del Padre: la Encarnación.
1º.- Como por ejemplo, en una hora me ponía con el pensamiento en el Paraíso y me imaginaba a la Santísima Trinidad: Al Padre que mandaba al Hijo a la tierra, al Hijo que prontamente obedecía al Querer del Padre, y al Espíritu Santo que consentía en ello. Mi mente se confundía tanto al contemplar un Misterio tan grande, un Amor tan recíproco, tan igual, tan fuerte entre Ellos y hacia los hombres, y en la ingratitud de estos, especialmente la mía, que en esto me habría quedado no una hora sino todo el día, pero una Voz interior me decía:
“Basta, ven y mira otros excesos más grandes de mi Amor.”

Segunda Hora
Jesús en el Seno de la Virgen se redujo a Estrechez e Inmovilidad.
2º.- Entonces mi mente se ponía en el Seno Materno y quedaba estupefacta al considerar a aquel Dios tan grande en el Cielo y ahora tan humillado, empequeñecido, restringido, que casi no podía moverse, ni siquiera respirar. La Voz interior me decía:
“¿Ves cuánto te he amado? ¡Ah! dame un lugar en tu corazón, quita todo lo que no es mío, porque así me darás más facilidad para poderme mover y hacerme respirar.”
Mi corazón se consumía, le pedía perdón, prometía ser toda suya, me desahogaba en llanto, sin embargo, lo digo para mi confusión, volvía a mis habituales defectos. ¡Oh! Jesús, cuán bueno has sido con esta miserable criatura.

Tercera Hora
El Amor Devorador de almas.
Y una Voz interior me decía:
3º.- “Hija mía, apoya tu cabeza sobre el Seno de mi Mamá, mira dentro de él a mi pequeña Humanidad. Mi Amor me devoraba, los incendios, los Océanos, los Mares inmensos del Amor de mi Divinidad me inundaban, me incineraban, levantaban tan alto sus Llamas que se elevaban y se extendían por doquier, a todas las generaciones, desde el primero hasta el último hombre, y mi pequeña Humanidad era devorada en medio de tantas Llamas, ¿pero sabes tú qué cosa me quería hacer devorar mi Eterno Amor? ¡Ah, a las almas!
Y sólo estuve contento cuando las devoré todas, quedando todas concebidas Conmigo; era Dios, debía obrar como Dios, debía tomarlas a todas; mi Amor no me habría dado paz si hubiera excluido a alguna. Ah hija mía, mira bien en el Seno de mi Mamá, fija bien los ojos en mi Humanidad recién concebida y en Ella encontrarás a tu alma concebida Conmigo y también las Llamas de mi Amor que te devoraron. ¡Oh, cuánto te he amado y te amo!”
Yo me perdía en medio a tanto Amor, no sabía salir de ahí, pero una Voz me llamaba fuerte diciéndome:
“Hija mía, esto es nada aun, estréchate más a Mí, dale tus manos a mi amada Mamá a fin de que te tenga estrechada sobre su Seno Materno, y tú da otra mirada a mi pequeña Humanidad concebida y mira el cuarto exceso de mi Amor.”

Cuarta Hora
El Amor obrante, renueva las penas de la Pasión.
4º.- “Hija mía, del Amor Devorante pasa a mirar mi Amor Obrante. Cada alma concebida me llevó el fardo de sus pecados, de sus debilidades y pasiones, y mi Amor me ordenó tomar el fardo de cada uno, y no sólo concebí a las almas sino las penas de cada una, las satisfacciones que cada una de ellas debía dar a mi Celestial Padre. Así que mi Pasión fue concebida junto Conmigo.
Mírame bien en el Seno de mi Celestial Mamá, oh cómo mi pequeña Humanidad era desgarrada, mira bien cómo mi pequeña Cabecita está circundada por una corona de espinas, que ciñéndome fuerte las Sienes me hace derramar ríos de Lágrimas de los Ojos, y no puedo moverme para secarlas. Ah, muévete a compasión de Mí, sécame los Ojos de tanto llanto, tú que tienes los brazos libres para podérmelo hacer. Estas espinas son la corona de los tantos pensamientos malos que se agolpan en las mentes humanas, oh, cómo me punzan más estos pensamientos que las espinas que produce la tierra, pero mira qué larga crucifixión de nueve meses, no podía mover ni un Dedo, ni una Mano, ni un Pie, estaba aquí siempre inmóvil, no había lugar para poderme mover un poquito, qué larga y dura crucifixión, con el agregado de que todas las obras malas, tomando forma de clavos, me traspasaban Manos y Pies repetidamente.”
Y así continuaba narrándome pena por pena todos los martirios de su pequeña Humanidad, y que quererlas decir todas sería demasiado extenso. Entonces yo me abandonaba al llanto, y oía decir en mi interior:
“Hija mía, quisiera abrazarte pero no lo puedo hacer, no hay espacio, estoy inmóvil, no lo puedo hacer; quisiera ir a ti pero no puedo caminar. Por ahora abrázame y ven tú a Mí, y después cuando salga del Seno Materno iré Yo a ti.”
Pero mientras con mi fantasía me lo abrazaba, me lo estrechaba fuertemente a mi corazón, una Voz interior me decía:
“Basta por ahora hija mía, y pasa a considerar el quinto exceso de mi Amor.”

Quinta Hora
El Amor abandonado en amarga soledad.
5º.- Entonces la Voz interior seguía: “Hija mía, no te alejes de Mí, no me dejes solo, mi Amor quiere compañía. He aquí otro exceso de mi Amor, él no querer estar solo. ¿Pero sabes tú de quién quiere esta compañía? De la criatura. Mira, en el Seno de mi Mamá, junto Conmigo están todas las criaturas concebidas junto Conmigo. Yo estoy con ellas todo Amor, quiero decirles cuánto las amo, quiero hablar con ellas para decirles mis alegrías y mis dolores, para decirles que he venido en medio de ellas para hacerlas felices, para consolarlas, y que estaré en medio de ellas como un Hermanito dando a cada una todos mis Bienes, mi Reino a costa de mi Muerte.
Quiero entretenerme con ellas, Pero, ay, cuántos dolores me dan, quien me huye, quien se hace la sorda y me reduce al silencio, quien desprecia mis Bienes y no se preocupan de mi Reino y corresponden mis Besos y Caricias con el descuido y el olvido de Mí, y mi entretenimiento lo convierten en amargo llanto. ¡Oh, cómo estoy solo a pesar de estar en medio de tantos! ¡Oh, cómo me pesa mi soledad!
No tengo a quien decir una Palabra, con quien hacer un desahogo de Amor; estoy siempre triste y taciturno porque si hablo no soy escuchado. ¡Ah, hija mía, te pido, te suplico que no me dejes solo en tanta soledad! Dame el bien de hacerme hablar con escucharme, presta oídos a mis enseñanzas, Yo soy el Maestro de los maestros. Cuántas cosas quiero enseñarte, si me escuchas me harás dejar de llorar y me entretendré contigo. ¿No quieres tú entretenerte Conmigo?”
Y mientras me abandonaba en El, compadeciéndolo en su soledad, la Voz interior continuaba:
“Basta, basta, pasa a considerar el sexto exceso de mi Amor.”

Sexta Hora
El Amor sofocado y confinado a las tinieblas del pecado y de la ingratitud.
6º.- “Hija mía, ven, ruega a mi amada Mamá que te haga un lugarcito en su Seno Materno, a fin de que tú misma veas el estado doloroso en el cual me encuentro.”
Entonces me parecía con el pensamiento que nuestra Reina Mamá, para contentar a Jesús, me hacía un pequeño lugar y me ponía dentro. Pero era tal y tanta la oscuridad que no lo veía, sólo oía su respiro y El en mi interior seguía diciéndome:
“Hija mía, mira otro exceso de mi Amor. Yo soy la Luz Eterna, el sol es una sombra de mi luz, pero ve adonde me ha conducido mi Amor, en qué oscura prisión estoy, no hay ni un rayo de luz, siempre es noche para Mí, pero noche sin estrellas, sin reposo, siempre despierto, ¡qué pena!, la estrechez de la prisión, sin poderme mínimamente mover, las tinieblas tupidas; hasta el respiro, respiro por medio del respiro de mi Mamá, ¡oh, cómo es cansado! Y además agrega las tinieblas de las culpas de las criaturas, cada culpa era una noche para Mí, las que uniéndose juntas formaban un abismo de oscuridad sin confines. ¡Qué pena!
¡Oh exceso de mi Amor, hacerme pasar de una Inmensidad de Luz, de Amplitud, a una profundidad de densas tinieblas y de tales estrechuras, hasta faltarme la libertad del respiro, y esto, todo por Amor de las criaturas.”
Y mientras lo decía gemía con gemidos sofocados por falta de espacio, y lloraba. Yo me deshacía en llanto, le agradecía, lo compadecía, quería darle un poco de luz con mi amor como El me decía, ¿pero quién puede decirlo todo? La misma Voz interior agregaba:
“Basta por ahora. Pasa al séptimo exceso de mi Amor.”

Séptima Hora
El Amor incorrespondido y herido por la ingratitud humana.
7º.- La Voz interior proseguía:
“Hija mía, no me dejes solo en tanta soledad y en tanta oscuridad, no salgas del Seno de mi Mamá para que veas el séptimo exceso de mi Amor. Escúchame, en el Seno de mi Padre Celestial Yo era plenamente feliz, no había Bien que no poseyera, Alegría, Felicidad, todo estaba a mi disposición; los Ángeles reverentes me adoraban y estaban a mis órdenes. Ah, el exceso de mi Amor, podría decir que me hizo cambiar fortuna, me restringió en esta tétrica prisión, me despojó de todas mis Alegrías, Felicidad y Bienes para vestirme con todas las infelicidades de las criaturas, y todo esto para hacer el intercambio, para dar a ellas mi fortuna, mis alegrías y mi felicidad eterna. Pero esto habría sido nada si no hubiera encontrado en ellas suma ingratitud y obstinada perfidia.
Oh, cómo mi Amor Eterno quedó sorprendido ante tanta ingratitud y lloró la obstinación y perfidia del hombre!. La ingratitud fue la espina más punzante que me traspasó el Corazón desde mi Concepción hasta el último instante de mi muerte. Mira mi Corazoncito, está herido y gotea Sangre. ¡Qué pena! ¡Qué dolor siento! Hija mía, no seas ingrata; la ingratitud es la pena más dura para tu Jesús, es cerrarme en la cara las puertas para dejarme afuera aterido de frío.
Pero ante tanta ingratitud mi Amor no se detuvo y se puso en actitud de Amor suplicante, orante, gimiente y mendigante, y este es el octavo exceso de mi Amor.”

Octava Hora
El Amor mendicante, gimiente y suplicante.
8º.- “Hija mía, no me dejes solo, apoya tu cabeza sobre el Seno de mi amada Mamá, porque también desde afuera oirás mis gemidos, mis súplicas, y viendo que ni mis gemidos ni mis súplicas mueven a compasión de mi Amor a la criatura, me pongo en actitud del más pobre de los mendigos y extendiendo mi pequeña Manita, pido por piedad, al menos a título de limosna sus almas, sus afectos y sus corazones. Mi Amor quería vencer a cualquier costo el corazón del hombre, y viendo que después de siete excesos de mi Amor permanecía reacio, se hacía el sordo, no se ocupaba de Mí ni se quería dar a Mí, mi Amor quiso ir más allá, debería haberse detenido, pero no, quiso salir más allá de sus límites y desde el Seno de mi Mamá Yo hacía llegar mi Voz a cada corazón con los modos más insinuantes, con los ruegos más fervientes, con las Palabras más penetrantes. ¿Pero sabes qué les decía? “Hijo mío, dame tu corazón, todo lo que tú quieras Yo te daré con tal de que me des a cambio tu corazón, he descendido del Cielo para tomarlo, ¡ah, no me lo niegues! ¡No defraudes mis esperanzas!”
Y viéndolo reacio y que muchos me volteaban la espalda, pasaba a los gemidos, juntaba mis pequeñas Manitas y llorando, con Voz sofocada por los sollozos le añadía: “¡Ay, ay! soy el pequeño mendigo, ¿ni siquiera de limosna quieres darme tu corazón?”
¿No es esto un exceso más grande de mi Amor, que el Creador para acercarse a la criatura tome la forma de un pequeño Niño para no infundirle temor, y pida al menos como limosna el corazón de la criatura, y viendo que ella no se lo quiere dar ruega, gime y llora?”
Luego he sentido decir: “¿Y tú no quieres darme tu corazón? ¿Tal vez también tú quieres que gima, que ruegue y llore para que me des tu corazón? ¿Quieres negarme la limosna que te pido?”
Y mientras lo decía oía como si sollozara, y yo le dije: “Mi Jesús, no llores, Te dono mi corazón y toda yo misma.” Entonces la Voz interior proseguía:
“Sigue más adelante, y pasa al noveno exceso de mi Amor.”

Novena Hora
El Amor agonizante que quiere ser vencedor.
9º.- “Hija mía, mi estado es siempre más doloroso. Si me amas, tu mirada tenla fija en Mí para que veas si puedes dar a tu pequeño Jesús algún alivio, una palabrita de amor, una caricia, un beso, que dé tregua a mi llanto y a mis aflicciones.
Escucha hija mía, después de haber dado ocho excesos de mi Amor, y que el hombre tan malamente me correspondió, mi Amor no se dio por vencido, y al octavo exceso quiso agregar el noveno, y este fueron las Ansias, los Suspiros de Fuego, las Llamas de los Deseos de que quería salir del Seno Materno para abrazar al hombre, y esto reducía a mi pequeña Humanidad aún no nacida a una agonía tal, que estaba a punto de dar mi último aliento. Y mientras estaba por dar el último respiro, mi Divinidad que era inseparable de Mí me daba sorbos de Vida, y así retomaba de nuevo la Vida para continuar mi agonía y volver a morir de nuevo. Fue este el noveno exceso de mi Amor, agonizar y morir continuamente de Amor por la criatura. ¡Oh, qué larga agonía de nueve meses! ¡Oh, cómo el Amor me sofocaba y me hacía morir! Y si no hubiera tenido la Divinidad Conmigo, que me daba continuamente la Vida cada vez que estaba por morir, el Amor me habría consumado antes de salir a la luz del día.”
Después agregaba:
“Mírame, escúchame cómo agonizo, cómo mi pequeño Corazón late, se afana, arde; mírame, ahora muero.”
Y hacía un profundo silencio.
Yo me sentía morir, se me helaba la sangre en las venas y temblando le decía: “Amor mío, Vida mía, no mueras, no me dejes sola. Tú quieres amor y yo Te amaré, no Te dejaré más, dame tus Llamas para poderte amar más y consumarme toda por Ti”

Conclusión de la Novena
Y así pasaba la segunda hora del día, y después, poco a poco el resto, que decirlo todo sería aburrir. Y esto lo hacía a veces de rodillas y cuando era impedida a hacerlo por la familia, lo hacía aún trabajando, porque la Voz interior no me daba ni tregua ni paz si no hacía lo que quería, así que el trabajo no me era impedimento para hacer lo que debía hacer. Así pasé los días de la novena; cuando llegó la víspera me sentía más que nunca encendida por un insólito fervor, estaba sola en la recámara cuando se me presenta delante el Niño Jesús, todo bello, sí, pero tiritando, en actitud de quererme abrazar, yo me levanté y corrí para abrazarlo, pero al momento en que iba a estrecharlo desapareció, esto se repitió tres veces.
Quedé tan conmovida y encendida de amor, que no sé explicarlo; pero después de algún tiempo no lo tomé más en cuenta y no se lo dije a nadie; de vez en cuando caía en las acostumbradas faltas. La Voz interior no me dejó nunca más, en cada cosa me reprendía, me corregía, me animaba, en una palabra, el Señor hizo conmigo como un buen padre con un hijo que tiende a desviarse, y él usa todas las diligencias, los cuidados para mantenerlo en el recto camino, de modo de formar de él su honor, su gloria, su corona. Pero, ¡oh Señor, demasiado ingrata Te he sido!

Serafines
Querubines Gobierno del Cielo
Tronos

Dominaciones
Virtudes Gobierno del Universo
Potestades

Principados
Arcángeles Gobierno del Hombre
Ángeles

NOVENA DE LA SANTA NAVIDAD

1º.- Decreto del Padre: la Encarnación
2º.- Jesús en el Seno de la Virgen se redujo a Estrechez e Inmovilidad
3º.- El Amor Devorador de almas
4º.- El Amor obrante, renueva las penas de la Pasión
5º.- El Amor abandonado en amarga soledad
6º.- El Amor sofocado y confinado a las tinieblas del pecado y de la ingratitud
7º.- El Amor incorrespondido y herido por la ingratitud Humana
8º.- El Amor mendicante, gimiente y suplicante
9º.- El Amor agonizante que quiere ser vencedor

ACERCA DE LA NOVENA DE NAVIDAD DICTADA A LUISA POR JESUS

Vol. 25. 16.12.1928 (15)

La Palabra de Jesús crea lo que ha dicho sobre los excesos de Amor al Encarnarse, preludio de las lecciones sobre su Fiat, que forman en sus corazones una nueva Creación. Jesús es feliz al escuchar su Palabra por medio de Luisa.

Estaba haciendo la meditación, y dado que hoy comenzaba la Novena al Niño Jesús, estaba pensando en los nueve excesos que Jesús con tanta ternura me había narrado de su Encarnación, los cuales están escritos en el Primer Volumen, y sentía una gran repugnancia de recordarle al confesor, porque él me había dicho al leerlos, que quería en público leerlos en nuestra capilla.
Mientras esto pensaba, mi Niñito Jesús se hacía ver en mis brazos, pequeño, pequeño, que acariciándome con sus pequeñas manitas me ha dicho:
“¡Cómo es de bella mi pequeña hija, cómo es de bella! ¡Cómo debo agradecerte el que me hayas escuchado!”
Y yo: “Amor mío, ¿qué dices? Yo debo agradecerte a Ti el que me hayas hablado, y que con tanto amor, haciéndome de Maestro, me hayas dado tantas lecciones que yo no merecía.” Y Jesús:
“Ah hija mía, a cuántos les quiero hablar y no me escuchan y me reducen al silencio y sofocan mis llamas, así que debemos agradecernos mutuamente, tú a Mí y Yo a ti, y además, ¿porqué quieres oponerte a la lectura de los nueve excesos? Ah, tú no sabes cuánta vida, cuánto amor y gracia contienen, tú debes saber que mi Palabra es creación, y que al narrarte los nueve excesos de mi amor en la Encarnación, Yo no sólo renovaba mi amor, que tuve al encarnarme, sino que creaba un nuevo amor para revestir a las criaturas y vencerlas para darse a Mí.
Estos nueve excesos de mi amor que te he manifestado con tanto amor de ternura y simplicidad, formaban el preludio de las tantas lecciones que debía darte acerca de mi Fiat Divino para formar su Reino, y ahora con leerlos, mi amor es renovado y duplicado, ¿no quieres tú entonces que mi amor duplicándose desborde fuera y revista otros corazones, a fin de que como preludio se dispongan a las lecciones de mi Voluntad para hacerlas conocer y reinar?”
Y yo: “Mi amado Niño, creo que muchos han hablado acerca de tu Encarnación.” Y Jesús:
“Sí, sí han hablado, pero han sido palabras tomadas de la ribera del mar de mi amor, así que son palabras que no poseen ni ternura, ni plenitud de vida. En cambio, aquellas pocas Palabras que te he dicho, te las he dicho desde dentro de la vida de la fuente de mi amor, y contienen vida, fuerza irresistible y ternuras tales, que sólo los muertos no sentirán moverse a piedad de Mí, que pequeño, pequeño, tantas penas sufrí desde el seno de la Mamá Celestial”.
Después de esto el confesor leía en la capilla el primer exceso de amor de Jesús en la Encarnación, y mi dulce Jesús desde dentro de mi interior ponía atención para escuchar, y atrayéndome a Sí me ha dicho:
“Hija mía, cómo me siento de feliz al escucharlos, pero mi felicidad se acrecienta al tenerte en esta casa de mi Voluntad, porque los dos somos oyentes, Yo de lo que te he dicho, y tú de lo que de Mí has escuchado; mi amor se inflama, bulle y desborda, ¡escucha, escucha cómo es de bello! La Palabra contiene el aliento, y conforme se habla, la Palabra lleva el aliento, que como aire gira de boca en boca y comunica la fuerza de mi Palabra creadora y hace descender en los corazones la nueva creación que mi Palabra contiene.
Escucha hija mía, en la Redención tuve el cortejo de mis apóstoles, y Yo en medio de ellos era todo amor para instruirlos, no escatimaba fatiga para formar los cimientos de mi Iglesia.
Ahora, en esta casa siento el cortejo de los primeros hijos de mi Querer y siento repetir mis escenas amorosas al verte a ti en medio de ellos, que con todo tu amor quieres dar las lecciones sobre mi Fiat Divino para formar los cimientos del Reino de mi Divina Voluntad.
Si tú supieras cómo me siento feliz al oírte hablar de mi Querer Divino, espero con ansia que tomes la Palabra para escucharte, para sentir la felicidad que me trae mi Divina Voluntad”.

Fiat!

CONSEJO DE LA SANTA MISA POR SANTA MARGARITA

Sacrificarse y consumirse como Jesús por él y por las almas.

 Cuando asistía a la Santa Misa, al voltear hacia el altar, nunca dejaba de mirar al Crucifijo y las velas encendidas. ¿Por qué? Lo hacía para imprimir en su mente y su corazón, dos cosas: El Crucifijo le recordaba lo que Jesús había hecho por ella; las velas encendidas le recordaban lo que ella debía hacer por Jesús, es decir, sacrificarse y consumirse por él y por las almas.

Santa Margarita María Alacoque

Sucede especialmente cuando comulgo con frecuencia.

 
 

Al comulgar, siento el corazón abrasado por una llama secreta… Este fuego me deja como si ya no tuviera poder sobre mi corazón y se extiende algunas veces por todo el pecho hasta el rostro, embriagándome con tal suavidad que no sé donde estoy ni lo que hago. Esto sucede especialmente cuando comulgo con frecuencia y me causa tan ardiente sed que me parece que nada sería capaz de calmarme fuera de Dios. En una oportunidad, la Superiora me hizo perder la Sagrada Comunión, lo cual era el suplicio más cruel que pudiera sufrir en esta vida; hubiera preferido mil veces que se me hubiese condenado a muerte.

Santa Margarita María de Alacoque

Las mayores gracias las recibía en la Santa Comunión.

 
 

Las mayores gracias y los favores inexplicables de su bondad los recibía en la Santa Comunión. Y mi ángel lo que más severamente me reprendía eran las faltas de respeto y atención delante del Santísimo Sacramento.

Esforcémonos por no perdernos una Sagrada Comunión.

 
 

Esforcémonos por no perdernos una Sagrada Comunión, apenas si podemos causar a nuestro enemigo el diablo una mayor alegría que cuando nos alejamos de Jesús, quien suprime el poder que el enemigo tiene sobre nosotros.

Santa Margarita María Alacoque







sábado, 12 de enero de 2019

Sus heridas nos han curado

Via Crucis con la Virgen María   


 
      

El Via crucis es una de las devociones más recomendadas por la Iglesia, tanto por su objetivo que es meditar en la Pasión del Señor, cuanto por su eficacia en mover a penitencia a los pecadores, reanimar a los tibios y santificar más y más a los amigos de Dios.

 

Oración:

Señor mío Jesucristo; que a todos los que queremos seguirte nos invitas a tomar cada uno 1a Cruz que tu providencia nos destina en esta vida, y a llevarla con ánimo y abnegación detrás de ti: ¡ Oh buen Maestro! que para darnos ejemplo tomaste ti la más pesada de todas las cruces, y caminando delante de todos, nos invitaste a seguirte con las nuestras, danos tu luz y tu gracia al meditar en este Vía Crucis tus pasos para saber y querer seguirte.

Y tú, ¡Oh Madre de los Dolores! inspíranos los sentimientos de amor con que acompañaste en este camino de amargura a tu divino Hijo.

 

1- Primera estación: Jesús es condenado a muerte

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

La noticia de la condenación de Jesús se ha extendido por toda la ciudad como un reguero de odio. En el Corazón de María ha tenido resonancias de un intenso dolor... y lo que más le acongoja es pensar que nosotros hemos forzado 1a condena con cada cobardía, con cada pecado... Por nuestra culpa, Ella es Madre de un condenado a muerte.

Señora y Madre nuestra, te pedimos perdón, por haber sido la causa de tanta angustia para tu Corazón de Madre. y prometemos consolarte en adelante con nuestra generosidad.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

2- Segunda Estación: Jesús carga con la Cruz

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Es impresionante el abrazo de Jesús con la Cruz. Un abrazo que parece una locura. Su Madre lo divisa asombrada y dolorida. También Ella carga con la cruz, aceptando. Nos cuesta tanto abrazarnos con la cruz de cada día. Si nos acercáramos más a nuestra Madre, la cruz nos resultaría más querida y asequible... Si pensáramos que 1a cruz que lleva Jesús es la nuestra, seríamos más decididos en aceptar con amor la que ahora nos envía.

Señora y Madre nuestra, danos la intrepidez de los mártires, para ofrecer nuestras vidas al sacrificio, aceptado y saboreado.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

3- Tercera Estación: Jesús cae bajo el peso de la Cruz.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Le hemos cargado tanto, que Jesús cae derrumbado entre las piedras del camino. Le pesaba mucho nuestra indiferencia y nuestro desamor. Una cortina de mirones tapa la escena a los demás. También a la Madre. Más vale que no lo vea, aunque su Corazón se martirice hirviendo temores, presagios y congojas. Ella pensaba en mis caídas más profundas.

De aquí aquí adelante, Madre mía, procuraré mantenerme en pie con la firmeza y la constancia del fervor .

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

4- Cuarta Estación: Jesús encuentra a su Madre.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

El encuentro de María con Jesús resulta un martirio indecible para ambos. En las desgracias de los seres queridos el amor multiplica el dolor y a su vez, el dolor agranda el amor. Los Corazones de Jesús y de María dialogan en el más sublime de los silencios. En sus miradas hay un relampagueo de vida y de muerte un brillo singular de amor y de dolor.

Mis pecados, oh Madre, han sido la causa de este momento angustioso, que no quiero renovar ya más en mi vida

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

5- Quinta Estación: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

El agotamiento de Jesús produce una alarma; el desencanto de no poder crucificarle, si muere en el camino. Pero nadie se ofrece para ayudarle. La resistencia de todos para ayudar a Jesús es una ignominia que quema el Corazón de María. La aceptación del Cirineo, aunque forzosa, arranca una mirada de gratitud de los ojos de la Virgen.

Los caminos están abarrotados de hermanos - ¡de cristos!- extenuados. Con mi caridad cordial para con el prójimo, quiero en ade1ante provocar un sentimiento de alivio en el Corazón de mi Madre.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

6- Sexta Estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Lo que no se atrevió a hacer ningún hombre, lo hace esta mujer valiente, pisoteando todo respeto humano. El premio no se hizo esperar . Se llevó en paga el rostro de Jesús. Así premia El a los audaces por su amor. El Corazón de María es el tejido finísimo, que refleja perfectamente la imagen de Jesús.

Ya que no somos valientes para alcanzar una visión directa del Crucificado, seamos sensatos para obtener1a en el mejor de los lienzos, el Corazón de nuestra Madre.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

7- Septima Estación: Jesús cae por segunda vez.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Jesús ha sucumbido otra vez, sin que la tierra se haya alterado. Toda la conmoción queda para la pobre Madre. Jesús, pisoteado y hundido en la humillación, como un escombro de hombre. La Omnipotencia y el Amor al borde de todas las humillaciones, el Corazón de mi Madre destrozado, para pagar mis rebeldías y pecados.

Que esta nueva caída de Jesús me sostenga en pie de guerra contra mi orgullo incomprensible.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

8- Octava Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Cosa admirable que las personas débiles nos den lecciones de va1entía. La Virgen se sintió menos sola cuando oyó los sollozos de estas mujeres compasivas. Ellas comprendían mejor que nadie lo que es el dolor de una madre ante la desgracia de un hijo. Jesús no está ensimismado en sus propios dolores y las consuela.

A María, en cambio, no hay quien la consuele Mi fidelidad a Jesucristo puede ser en adelante su mejor consuelo. Ella lo espera de mí.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

9- Novena Estación: Jesús cae la tercera vez.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Una nueva caída y un nuevo sobresa1to para María. Madre deshecha por la debilidad física de su Hijo, y por las, debilidades morales y vergonzosas de sus otros hijos. ¡Si al menos fuésemos tan prontos en levantarnos como Jesús! ¡Pobre madre, llamada a presenciar tantos desfallecimientos en sus hijos. Jesús, forcejeando y levantándose de nuevo es nuestro Maestro, nuestro Modelo.

La perseverancia, clave de todas las victorias, norma de todas las horas, ha de ser nuestra respuesta al ver a Jesús levantarse con valor sobrehumano.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

10- Décima Estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Hay que mirar a este Jesús desnudo, con ojos nublados en llanto. Hay que recogerse junto a María, participando en e1 sentimiento de su pudor y de su amor profanados.

Que nuestra pureza sea la mejor reparación para la humillación de Jesús y para el dolor de María Inmaculada.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

11- Décima primera Estación: Jesús es clavado en la Cruz.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

A la vista de María llega el escándalo de la sangre, entre el fragor de golpes despiadados. Dios agarrotado en la Cruz, y su Madre en pie, aceptando. Aquí todas nuestras rebeldías se avergüenzan ; nuestras impaciencias se extinguen. Aquí nuestras cobardías y cansancio se sonrojan.

Jesús pontificando en su sacerdocio de Redención. María a su lado, inmolándose con El. Nosotros, abrumados sin comprender este misterio de amor y de dolor.

¡Reina de los mártires, que lleguemos a la fecundidad del amor por las aristas del sufrimiento !

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

12- Décima segunda Estación: Jesús muere en la Cruz.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

Jesús ha consumado su holocausto. María lo mira y ya no encuentra en su rostro expresión alguna. Pero se esclarecen como nunca los misterios de la Redención. Sin expresión en su semblante, su

Habla todo lo que hay de Dios en esa escritura de llagas y lo que hay de nosotros los pecadores. En este cuerpo roto de Jesús coinciden las miradas de Dios y de los hombres. Ha terminado la Obra de Cristo. ¿ Sabré yo corresponder mejor que hasta ahora?

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

13-   Décima tercera Estación: Jesús es bajado de la Cruz y entregado a su Madre.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

De los brazos de la Cruz descendió a los brazos de su Madre. Está todavía en pie la Reina de los Mártires. Y la Madre de Dios, sosteniendo en sus brazos la víctima divina, es el último toque de1 Señor para movernos al dolor. Ella llora y nosotros seguimos impasibles. Ella sufre, y nosotros nos volvemos a las bochornosas delicias del pecado. Ella en luto y soledad y nosotros siempre de cara a la frivolidad.

Sepamos consolar a María en su triste soledad, con nuestra entrega a Dios, remachada a go1pes del sacrificio y de amor de correspondencia.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

14- Décima cuarta Estación:   Jesús es puesto en el sepulcro.

Te adoramos Cristo y te bendecimos;

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo

El entierro del cuerpo muerto fue el último ramalazo del drama conjuntamente ejecutado por la Madre y por el Hijo. La Virgen se recobró de su dolor. Su soledad empezó a ser sedante. En 1a misma sepultura se depositaba un cadáver y se plantaba una esperanza. Cuando el sepulcro se tapiaba con la pesadísima losa, se abría un horizonte de vida para la Madre de los creyentes. Ella empieza entonces a alumbrar innumerables hijos a la vida.

Haz, Señora, que seamos dignos hijos tuyos y nos aprovechemos de los frutos de la Redención.

Misericordia, Señor , Misericordia.

Virgen dolorosa ,Ruega por nosotros.

 

Para después del Via Crucis

Señor mío Jesucristo, con toda el alma te ofrezco una vez más mi vida y acepto las pruebas que jalonen mi camino. Sántifíca1as Tú. Fecúndalas. Cambialas en valor de redención. Dame, Señor el sentido cristiano del sufrimiento. Enséñame a llevar mi cruz cada día y a seguirte con voluntad generosa de reparación por mis faltas y por las de toda la humanidad. Concédeme, para todos cuantos sufren, un corazón fraternal. Inspírame las demostraciones de compasión, las palabras de aliento que ellos esperan de mí. Tú que has salvado el mundo por la Cruz, concédeme 1a gracia de conducir a Ti a aquellos hermanos que caminan encorvados bajo el peso de las penalidades de la vida. Y así, que al acabar mi tarea en el mundo, cuando haya sufrido humildemente por el servicio de las almas, merezca llegar al gozo eterno en tu luz y en tu paz. AMEN

 

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